HORMIGÓN VISTO


En 1897 François Hennebique decidía exhibirlo, por primera vez en arquitectura, como acabado del Edificio Weaver; y poco a poco varios arquitectos comenzaron a interesarse en dejar descubierto el material.  Más adelante, obras como la Unidad de Habitación de Le Corbusier (1952) inspirarían la nueva corriente del Brutalismo, cuyo interés en la expresividad de los materiales propició la construcción de numerosas obras de hormigón visto.

En las primeras obras, ejecutadas in situ, los acabados se centraban en mostrar la textura veteada de los encofrados de madera tanto en interior como exterior. Para obtener buenos resultados, aquí las consideraciones a tener en cuenta según Fisac: «Para hacer un buen encofrado de tablilla hay que usar madera sin cepillar, así como la que viene directamente del aserradero; si es el hormigón el que toma la humedad de la madera y, al desencofrar, las tablas quedan limpias y el hormigón retiene sus vetas».

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Sin embargo, esta exaltación del material y la estructura vista, que maravillaba a tantos arquitectos, suponía también supresión de otros aspectos, lo que no maravillaba precisamente a los ciudadanos.

No obstante, con el uso cada vez más frecuente de los prefabricados, el hormigón visto fue tomando protagonismo no solo como exhibición estructural, sino como un material de revestimiento más. Se plantean entonces edificios más completos en su cerramiento, como el caso de la Torre de Valencia (1973) de Javier Carvajal, cuyos paneles premoldeados de hormigón incluyen aislamientos térmicos y se cierran interiormente con fábrica de ladrillo, dejando una cámara de aire entre los dos materiales.

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En la actualidad existe una gran variedad de encofrados, hechos de todo tipo de materiales, desde vives podemos observa uno de sus modelos en concreto el Bunker de gres porcelánico, que permiten dejar la superficie lisa y pulida o crear diversas texturas. Su puesta en obra en el caso del hormigón ejecutado in situ es compleja, siendo necesaria una segunda capa de encofrado que sostenga la que va a imprimirse en el hormigón, o materiales para apuntalarlo durante el fraguado. Además, debido los requerimientos de eficiencia energética, no es tan habitual que el hormigón quede visto en exterior e interior como sucedía en las primeras obras, dada la necesidad de incluir materiales aislantes, o fabricar muros excesivamente gruesos para garantizar las condiciones térmicas y la eficiencia energética.

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En este aspecto ganan de nuevo ventaja los prefabricados, existiendo diversos modelos compuestos por varias capas y que pueden incluir material aislante en láminas intermedias. Esto perpetúa la idea del hormigón como acabado, sin ser necesaria su función estructural, por lo que se puede utilizar a modo de fachadas autoportantes ancladas a la estructura, o en forma de placas sujetas por un cerramiento o soporte auxiliar. Dado que estos materiales vienen hechos de fábrica, hay que prestar especial  atención al despiece, a  las dimensiones y medidas exactas de cada pieza.

El hormigón visto es un elemento que normalmente se ha utilizado para la construcción de grandes estructuras u obras civiles y, por supuesto, para las estructuras de las viviendas. Pero cada vez es más habitual verlo también en el interior de las viviendas y no solo como parte estructural. Es una tendencia decorativa al alza de la que veremos diferentes ejemplos. El hormigón tiene una gran variedad de posibilidades de textura e incluso color y se puede conseguir desde un aspecto rústico o más industrial a otro más elegante.

 

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