Tanto los diseñadores, arquitectos, como las marcas, son conscientes de la necesidad de diferenciación en la que hay que posicionarse actualmente. Para ello, cada uno se hace reconocer por unos valores, unas creencias y unas experiencias que les hagan ser únicos y distintivos. Características que les hace ser diferentes a sus competidores y que a su vez, los consumidores de los productos se sientan identificados con su propia forma de concebir las cosas.
Los diseñadores crean formas, objetos, espacios y ambientes en los que reflejan sus pensamientos, por lo que tiene que haber consumidores que se sientan identificados con ellos. Cada uno aporta cosas diferentes, un toque personal que lo hace especial y hace que la persona que invierta su dinero se sienta recompensado.
Lo mismo pasa con los arquitectos, crean volúmenes especiales que envuelven a las personas con el fin de hacerles sentir experiencias únicas.
Todo lo referido a diseño, experiencias, sensaciones y valores lo podemos extrapolar y relacionar con las marcas. El arquitecto o diseñador se crea una imagen de marca para atraer distinción, e intenta hacerselo sentir a su cliente. Ésto es lo que las marcas intentan conseguir de igual modo que cualquier persona urbana con su vida diaria, trabajo, amigos y familia.















